D.O. El Bierzo
Cuando caminábamos a Santiago en nuestro primer Camino, una de las cosas que más nos impactó de El Bierzo fue el color de las viñas en el mes de julio. Andar entre ellas era como flotar en un mar verde perfectamente ordenado y los espacios entre cepas eran como olas susurrantes y amenas que hacían más fácil el Camino.
Y claro, después de decidir venir a vivir aquí, nos explicaron muchas cosas, una de ellas que el que las cepas estuvieran perfectamente alineadas y limpias era uno de los resultados del magnífico trabajo y empeño de los jóvenes viticultores de la región Bierzo.
Ahora, muchos de estos viticultores son nuestros amigos y sabemos cómo es el trabajo que hacen y lo duro que es conseguir estar en la elite de los vinos. Les entendemos cuando nos hablan y ellos comprenden que queramos vivir aquí, en esta singular tierra de increíbles paisajes y personas acogedoras y especiales.
Así que, no podíamos por menos que dedicarles uno de nuestros espacios a ellos, al vino, al trabajo, a la sinceridad, a la amistad que nos han regalado y a todo lo que hacen y deciden día a día por mejorar, por estar entre de los mejores.